IMPERTINÊNCIAS

Na mesa ao lado,
um jardim de senhoras ao domingo,
associadas na ordem da má-língua
e do chá com limão,
num café de inverno, pela tarde.

Queixam-se deste tempo, bebem, fumam,
discutem seus segredos, concordam com sorrisos…

e de súbito param a olhar-te.

Despreocupada contas
― e no local a tua voz é como um sabre
que fere o inimigo ―
uma história de cama com detalhes hábeis,
uma maneira de sentir a vida
que penetra e dissolve
a luz de igreja,
a humilhação do frio nos joelhos,
os caixões fechados e as fotos do casamento.

Certo tipo de gente
sofre de invernia nos olhos,
conhece as geadas
que passam por baixo da porta,
uma porta de quarto,
ali onde a noite tem sempre
um cheiro a espera inútil,
e depois da espera aceitam-se as mentiras,
e a seguir o silêncio.

Nada deixam os anos na mesa do lado,
senão um murmúrio que envelhece e uma sombra
que cruza os lábios como uma cicatriz,
um rancor na epiderme da consciência.

A tua voz é alta e jovem
e vestida de festa, e quando se desnuda
faz com que o sol de inverno, comovido,
se detenha um instante para apoiar a fronte
nas vidraças do café.

Luis García Montero, Espanha (n. 1958), traduzido por Nuno Dempster.

IMPERTINENCIAS

En la mesa de al lado,
un jardín de señoras en domingo
abonadas al orden del murmullo
y del té con limón,
en un café de invierno por la tarde.

Se quejan de los tiempos, beben, fuman,
discuten sus secretos, asienten con sonrisas…

y de pronto se paran a mirarte.

Despreocupada cuentas
― y en el local tu voz es como el sable
que hiere al enemigo ―
una historia de cama con detalles expertos,
una manera de sentir la vida
que penetra y disuelve
la luz de iglesia,
la humillación del frío en las rodillas,
los cajones cerrados y las fotos de boda.

Cierto tipo de gente
sufre de los inviernos en los ojos,
conoce las heladas
que pasan por debajo de una puerta,
una puerta de alcoba,
allí donde la noche siempre tiene
olor de espera inútil,
y después de la espera se aceptan las mentiras,
y después el silencio.

Nada dejan los años en la mesa de al lado,
sino un murmullo que envejece y una sombra
que cruza por los labios como una cicatriz,
un rencor en la piel de la conciencia.

Tu voz es alta y joven,
va vestida de fiesta y cuando se desnuda
hace que el sol de invierno, conmovido,
se detenga un instante para apoyar la frente
sobre los ventanales del café.

Luis García Montero

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