Os restos de um naufrágio

                     A Luis Antonio de Villena

Umas centenas de livros, uma casa na praia,
móveis que o coração foi envelhecendo
e que tornaram o mundo hospitaleiro,
fetiches de alguma viagem, talismãs
que nada puderam contra o mundo,
um punhado de cartas de uns quantos amigos,
uma ou outra carta secreta, inconfessável,
papéis ordenados, papéis sem sentido,
medicamentos, quadros, roupa usada
e roupa por usar, várias contas de banco,
uma viúva aturdida, um automóvel,
uma amante aturdida, um pente com cabelos,
uma caligrafia que perdeu a firmeza da sua mão,
um odor familiar a caminho do nada.

Este é o inventário dos bens de um morto,
e como todo o censo e todas as listas
supõe um exercício de modéstia.
As nossas coisas, que às vezes pareciam proteger-nos,
habitar-nos o mundo que habitávamos,
num relance se convertem
num prolixo catálogo de absurdos,
rotas apagadas de um mapa inexistente,
pássaros dissecados cujos olhos
não sabem recordar um céu que já ardeu.

Carlos Marzal, Espanha (n. 1961), tradução de Nuno Dempster.

Los restos de un naufrágio

                      A Luis Antonio de Villena

Unos cientos de libros, una casa en la playa,
muebles que el corazón fue envejeciendo
y que hicieron el mundo hospitalario,
fetiches de algún viaje, talismanes
que no pudieron nada contra el mundo,
un puñado de cartas de unos cuantos amigos,
alguna carta oculta, inconfesable,
papeles ordenados, papeles sin sentido,
medicamentos, cuadros, ropa usada
y ropa por usar, varias cuentas bancarias,
una viuda aturdida, un automóvil,
una amante aturdida, un peine con cabellos,
una caligrafía que ha perdido el pulso de su mano,
un olor familiar camino de la nada.

Este es el inventario de los bienes de un muerto,
y como todo censo y toda lista
supone un ejercicio de modestia.
Nuestras cosas, que a veces parecían preservarnos,
habitarnos el mundo que habitábamos,
en un golpe de vista se convierten
en un prolijo catálogo de absurdos,
rutas desdibujadas de un mapa inexistente,
pájaros disecados cuyos ojos
no saben recordar un cielo que ya ha ardido.

Carlos Marzal

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