Despedida

Falo contigo após anos de silêncio,
Meu filho. Verona já não existe.
Esmaguei entre os dedos o pó dos tijolos. Eis o que resta
Do grande amor às cidades natal.

Oiço o teu riso no jardim. E o perfume
Da primavera louca vem pelas folhas molhadas até mim,
Até mim, que sem acreditar em nenhuma força salvadora
Sobrevivi aos outros e a mim próprio.

Se soubesses como é quando de noite
Acordamos de repente e perguntamos
Ao ouvir o coração palpitante: Que mais queres tu,
Ó insaciável? É primavera, canta o rouxinol.

O riso infantil no jardim. A primeira estrela clara
Abre-se acima das colinas fechadas.
E a meus lábios regressa o canto leve,
E de novo sou jovem como antes, em Verona.

Recusar. Recusar tudo. Não é isto.
Não vou ressuscitar nada nem voltar ao passado.

Dormi, Romeu e Julieta, na almofada de penas rasgadas.
Não erguerei das cinzas vossas mãos unidas.
Que o gato visite as catedrais abandonadas
Luzindo a pupila sobre os altares. O mocho
Na abóbada morta construa o ninho.

Na tarde ardente e branca entre ruínas a serpente
Apanhe sol sobre as ervas e no silêncio,
Como um anel resplandecente que cinja o ouro inútil.
Não voltarei. E quero saber o que sobra
Quando declinamos a primavera e a juventude,
Quando rejeitamos a boca carmim
Que na noite sensual
Exala uma onda de calor.

Ao recusarmos o canto e o aroma do vinho,
Os juramentos e as queixas e a noite de diamante,
E o grito das gaivotas que a luz
do sol negro persegue veloz.

Da vida, maçã cortada por uma faca de fogo,
Que semente se salvará?

Acredita em mim, filho, não resta nada.
Só a dor da idade adulta,
O sulco do destino na palma da mão.
Só a dor,
Nada mais.

Czeslaw Milosz (1911-2004), Polónia,  tradução de Soledade Santos a partir da versão de Jan Zych (México, 2011)

DESPEDIDA

Te hablo después de los años del silencio,
Mi hijo. No existe Verona.
Trituré el polvo de ladrillo entre mis dedos. He aquí lo que queda
Del gran amor a las ciudades natales.

Oigo tu risa en el jardín. Y el olor
De la primavera loca corre por las hojas mojadas hacia mí,
Hacia mí, que sin creer en alguna fuerza salvadora
Sobreviví a otros y a mí mismo.

Si tú supieras cómo es cuando de noche
Uno despierta de repente y pregunta
Al oír el corazón palpitando: ¿Y tú qué quieres más,
Oh insaciable? Es la primavera, canta el ruiseñor.

La risa infantil en el jardín. Primera estrella pura
Se abre encima de la espuma de las colinas cerradas
Y a mis labios de nuevo regresa el canto ligero,
Y de nuevo soy joven como antes, en Verona.

Rechazar. Rechazar todo. No es eso.
No voy a resucitar nada ni regresar a lo pasado.

Dormid, Romeo y Julieta, en la cabecera de las plumas rotas,
No levantaré de la ceniza vuestras manos unidas.
Que el gato visite las catedrales abandonadas
Luciendo con su pupila sobre los altares. El búho
En la bóveda muerta que construya su nido.

En el mediodía caluroso y blanco la serpiente entre los escombros
Que se asolee sobre las hojas de tusilago y en el silencio
Con un círculo resplandeciente que ciña el oro inútil.
No volveré. Yo quiero saber qué es lo que queda
Al rechazar la primavera y la juventud,
Al rechazar la boca carmesí
De la que fluye en la noche bochornosa
Una ola de calor.

Al rechazar el canto y el olor de vino,
Los juramentos y las quejas y la noche de diamante,
Y el grito de las gaviotas detrás del que sigue corriendo el brillo ]
Del sol negro.

De la vida, de la manzana rebanada por un cuchillo de fuego,]
¿Qué semilla se salvará?

Créeme, hijo mío, no queda nada.
Sólo la pena de la edad viril,
El surco del destino sobre la palma de la mano.
Sólo la pena,
Nada más.

1945, Cracovia
Czeslaw Milosz

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